No confundas presión con efectividad

La presión permite alcanzar y mantener la concentración durante un tiempo, pero más pronto que tarde termina desgastando de tal manera que la curva de rendimiento de la persona o del equipo termina bajando de manera considerable, así como la efectividad de los trabajos, que tendrán por termino medio, un mayor número de errores.

Cuando estudiábamos, esos días previos al examen eran muchos más productivos que los anteriores, y esto era así mientras nos quedasen fuerzas, una vez superada nuestra capacidad de aguante, más nos valía haber estudiado lo suficiente con anterioridad.

Como la presión, siempre y cuando no se venga de un período continuado de la misma y no sea desmedida, consigue resultados, tiende a ser considerada como una vitamina por parte de los gestores y la empiezan a aplicar no cuando puede ser necesario, sino prácticamente en cualquier circunstancia, perdiendo ese efecto cortoplacista que puede obtener objetivos y convirtiéndolo en un problema, porque no olvidemos que trabajamos con personas y que éstas no son un pozo sin fondo, capaces de estar siempre por encima del 100% y con miedo o temor a lo que pueda pasar si no se cumplen los objetivos.

Como en todo, hay momentos y momentos. Momentos en los que hay que darlo todo para sacar un proyecto adelante y también debe haber momentos en los que la carga de trabajo se compense. Un compañero mío utiliza una analogía muy acertada con los barbechos en la agricultura.

Vía: jummp.wordpress.com

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